Querid@s Amig@s

Retomamos el contacto con ustedes enviándoles el número 17 del Boletín del Núcleo de Estudios sobre Memoria del IDES.

El Núcleo de Estudios sobre Memoria del Instituto de Desarrollo Económico y Social reúne a investigadores y docentes interesados en abordar, desde una perspectiva académica, los estudios sobre memoria con énfasis en el Cono Sur de América Latina. A través de sus diversas actividades, se propone contribuir a consolidar el campo de estudios sobre memoria y crear un ámbito de debate y encuentro para desarrollar investigaciones sobre esta problemática.

Nuestro Boletín busca poner a disposición de las personas interesadas la información sobre la producción artística y bibliográfica centrada en los temas de memoria. Nuestro principal objetivo es el de crear lazos entre investigadores e instituciones localizados en diversos puntos geográficos de la Argentina y del exterior.

Recibimos comentarios, consultas e informaciones en nuestra dirección electrónica: nucleomemoria@yahoo.com.ar

La preparación y publicación de este Boletín es una actividad realizada en el marco del proyecto "Memorias y elaboración del pasado reciente. Archivos, museos, imágenes y testimonios de la violencia política y la represión estatal", que cuenta con el apoyo financiero de la ANPCYT (05/33306).

Este número del Boletín fue editado por Emilio Crenzel, Teresa Cáceres y María Eugenia Mendizábal. Las correcciones estuvieron a cargo de Mariana McLoughlin.


  CONTENIDO DE ESTE BOLETÍN

  PALABRAS INICIALES
Por Emilio Crenzel



 

ACTIVIDADES DEL NÚCLEO DE ESTUDIOS SOBRE MEMORIA

 

 

COMENTARIOS

LIBROS
Badaró, Máximo, Militares o Ciudadanos. La formación de los oficiales del Ejército Argentino, Buenos Aires, Prometeo, 2009.
Por Sabina Frederic

Garaño, Santiago y Pertot, Werner, Detenidos-Aparecidos. Presas y Presos Políticos desde Trelew a la Dictadura, Buenos Aires, Biblos, 2007.

Por María Eugenia Mendizábal

PELÍCULAS
¿Qué hacemos con el duelo?, Comentario sobre la presentación de Kadish, documental realizado por Bernardo Kononovich
Por Emmanuel N. Kahan

RESEÑAS
Memoria de elefantes para la violencia política
Por Laura Rafaela García
¿Qué papel cumplen los espacios para la memoria en nuestra sociedad?
Por Elizabeth Jelin



 

JORNADAS, SEMINARIOS Y MESAS DE TRABAJO

Un seminario internacional diferente de los que me toca ir habitualmente
Por Elizabeth Jelin

Primeras Jornadas de Investigación del AGU: Ideas, Saberes e Instituciones del Conocimiento

Por Vania Markarian

Crónica de las jornadas Mesas de trabajo: intervención social con la literatura. Investigaciones y prácticas en curso
Por Victoria Daona
Mesas de Trabajo: intervención social con la literatura. Investigaciones y prácticas en curso. Cuaderno de apuntes sobre las conclusiones
Por Analía Gerbaudo

A diez años de la creación de la Comisión por la Memoria de la provincia de Buenos Aires. VI Encuentro sobre construcción de la memoria colectiva. Los desafíos del presente en la agenda de la memoria
Por Sandra Raggio



  NOVEDADES BIBLIOGRÁFICAS
Material incorporado a la biblioteca del IDES relacionado a los temas de memoria
 


 
  PALABRAS INICIALES  

Políticas de la identidad y políticas de la memoria
Por Emilio Crenzel

La relación entre identidad y memoria ha sido tratada tempranamente por el pensamiento político y filosófico de Occidente. Ya Locke pensaba a la memoria, conjugada en términos individuales, indisolublemente ligada a la identidad al definirla como "la conciencia que se extiende hacia atrás a toda acción o pensamientos pasados". (1)

Este vínculo fue resignificado por Maurice Halbwachs, quien fundó el campo de estudios sobre la memoria, y cuyos trabajos permitieron pensar ese vínculo socialmente y de manera plural y, luego, por las investigaciones que abordaron, desde diversas perspectivas, la relación entre memorias estatales, grupales e individuales, examinaron los impactos de las experiencias de violencia extrema, su transmisión intergeneracional y el papel del testimonio en elaboración de estos pasados. (2)

Las contribuciones que reúne este nuevo número del Boletín del Núcleo de Estudios sobre Memoria del IDES enfocan, desde diversos ángulos, este campo de problemas. Por un lado, dos textos reseñan libros académicos que abordan objetos centrales para comprender el pasado de violencia política en Argentina y los sentidos que circulan sobre él pero que han sido, sin embargo, marginalmente abordados. Se trata del libro de Máximo Badaró, que examina etnográficamente la formación en el Colegio Militar de la Nación de los futuros oficiales del Ejército Argentino, atendiendo simultáneamente a la modelación de sus identidades militares y ciudadanas y al papel que, en ese proceso, cumple la memoria de las violencias de Estado; y del de Santiago Garaño, que estudia una figura desplazada por la atención concedida a los desaparecidos dentro del universo de víctimas del terrorismo de Estado, los presos políticos de quien recoge y examina sus experiencias y memorias.

Otro texto, esta vez sobre una película, Kadish, de Bernardo Kononovich, la cual fuera presentada el viernes 14 de agosto en una actividad conjunta organizada por el Núcleo de Estudios sobre Memoria y el Núcleo de Estudios Judíos, enfoca la relación entre identidad y memoria desde otra perspectiva, al interrogarse sobre la construcción de la categoría de “detenidos-desaparecidos de origen judío”, eje de este film que explora los procesos de tramitación de la violencia de Estado, específicamente de los desaparecidos, en la comunidad judía argentina.

Con un enfoque centrado en el análisis literario, el texto de Laura García examina la figura de los elefantes en la literatura infantil argentina entre 1966-1995. A través del análisis del corpus seleccionado, la autora muestra las resignificaciones identitarias de los elefantes, símbolos de la memoria, y los cambios en los relatos que los tienen por protagonistas, y de las estrategias para dar cuenta de los conflictos culturales y políticos a los niños a través del tiempo.

Luego, a través de dos contribuciones, Elizabeth Jelin se interroga, por un lado, sobre el papel que cumplen los espacios para la memoria. Para ello, describe y analiza el memorial que en Berlín recuerda a las víctimas homosexuales del exterminio nazi. La objetivación de esta memoria en un espacio de recuerdo, recién en 2008, obedeció a su obliteración –producto de la continuidad de la discriminación legal hacia homosexuales en Alemania tras el fin de la guerra– pero, también, al predominio de las memorias de otras víctimas del genocidio. A partir del emplazamiento de este memorial en un lugar ajeno a los hechos vinculados al exterminio, Jelin se pregunta por los procesos de sacralización de los espacios emblemáticos de las experiencias de violencias extremas y discute la literalidad de la ruina y del testimonio como vehículos exclusivos de la evocación. Por otra parte, en su relatoría del Seminario Internacional realizado en Madrid –“Represión, derechos humanos, memoria y archivos. Una perspectiva latinoamericana”– del cual participó, Jelin destaca la existencia de archivos sobre las persecuciones sufridas por los trabajadores opuestos al régimen franquista, que permitirían examinar con mayor amplitud la represión del régimen, recuperar su dimensión obrera y sus memorias. También, destaca que un tópico central del encuentro consistió en la discusión de los dilemas políticos y técnicos que supone la centralización de los archivos o su conservación en las regiones o lugares donde ocurrieron los hechos, en especial en un país como España, donde las autonomías regionales y las identidades asociadas a ellas son de suma relevancia política y cultural.

Hacia el final, el Boletín presenta tres crónicas de jornadas y eventos académicos. Por un lado, las “Primeras Jornadas de Investigación del AGU: Ideas, saberes e instituciones del conocimiento”, desarrolladas en Montevideo el 1° y el 2 de octubre. Signadas por el impacto del fallecimiento reciente del profesor José Pedro Barrán (1934-2009), a quien se rindió homenaje, las jornadas comprendieron diez mesas temáticas con ponencias provenientes de cinco países y de diversos campos disciplinarios, en las cuales se presentaron estudios clásicos de historia de las ideas, así como nuevos aportes sobre las relaciones entre cultura y política, y sobre la historia de la educación.

Por otra parte, en el marco del Proyecto CIUNT sobre memorias y el Programa de Voluntariado UNT/SPU, el Grupo Creativo Mandrágora, coordinado por Rossana Nofal, organizó entre el 22 y el 23 de septiembre, en San Miguel de Tucumán, la “Mesa de trabajo: Intervención social con la literatura. Investigaciones y prácticas en curso”, con el patrocinio académico del Núcleo de Estudios sobre Memoria, el Museo de la Universidad Nacional de Tucumán y la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia. En este evento, se desarrollaron talleres y se discutieron estrategias didácticas, planes de estudio y de trabajo, agendas políticas y modos de aprehensión del pasado reciente, entre ellas, la política de archivos. También, se discutieron las tensiones entre la escritura académica y la de alcance masivo, las fronteras disciplinarias y la transdisciplinariedad.

Por último, el “VI Encuentro sobre construcción de la memoria colectiva. A diez años de la creación de la Comisión por la Memoria de la provincia de Buenos Aires. Los desafíos del presente en la agenda de la memoria”, permitió a activistas de derechos humanos y sociales, dirigentes políticos, funcionarios, investigadores, artistas, jueces, fiscales, docentes y estudiantes debatir sobre las políticas de la memoria y los derechos humanos desenvueltas desde que se creara la Comisión, poner en discusión estrategias para ampliar el nosotros que rememora el pasado de violencia y plantear problemas actuales como la violencia institucional, la persistencia de la práctica de la tortura, la falta de acceso a la justicia y la exclusión social.

De este modo, el Boletín comprende un espectro de temas que reconocen como hilo conductor el estudio de las formas particulares de afectación y evocación identitaria que produjeron los procesos signados por el ejercicio de violencias extremas, las tensiones entre voces y memorias hegemónicas y subterráneas, y las estrategias que, desde el campo de la historia, la literatura, la pedagogía y las intervenciones del Estado y de la sociedad civil, se desenvuelven para tramitarlas, transmitirlas y representarlas en el espacio público.



(1) Locke, John, Essay on Human Understanding, Oxford, Oxford University Press, 1984.

(2) Halbwachs, Maurice, Los marcos sociales de la memoria, Barcelona, Anthropos, 2004. Para una reseña exhaustiva de los estudios sobre memoria social desde Halbwachs a la actualidad, ver Olick, Jeffrey y Joyce Robbins, “Social memory studies: from ‘collective memory’ to the historical sociology of mnemonic practices”, en Annual Sociological Reviews, número 24, 1998, pp. 105-140. Para una revisión de los problemas de investigación que desencadenaron las experiencias de violencia extrema en el campo de estudios de la memoria social, ver Jelin, Elizabeth, Los trabajos de la memoria, Madrid y Buenos Aires, Siglo XXI de España Editores y Siglo XXI de Argentina Editores, 2002.

 

 
ACTIVIDADES DEL NÚCLEO DE ESTUDIOS SOBRE MEMORIA

En el marco del Núcleo de Estudios sobre Memoria se presentó el día viernes 14 de agosto la película Kadish de Bernardo Kononovich. Luego de la película, se produjo un debate con el director y los asistentes, quienes formularon intervenciones y preguntas con respecto al film.

El viernes 9 de octubre se discutieron los trabajos de Susana Kaufman y Álvaro Di Giorgi. En el primero de ellos, “La década de los ochenta. Aportes, dilemas y debates sobre temas de Salud Mental, Derechos Humanos y Violencia política en Argentina”, la autora examina los perfiles y las adscripciones teóricas de los equipos de profesionales de la salud mental que intervinieron en el campo de los derechos humanos en Argentina. En el otro de los textos, “Memoria primera/primordial: la gloria eterna de la Nación”, el autor analiza el discurso del ex presidente uruguayo Sanguinetti y las representaciones que conjuga sobre la nación uruguaya y sobre el conjunto del pasado nacional durante la primera mitad de la década de los ochenta.

El viernes 30 de octubre, Silvia Rodríguez Maeso (investigadora del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra, Portugal) presentó su trabajo “Narrativas instauradas, discurso jurídico y testimonios en la CVR peruana: el contexto de la denuncia”, en el cual aborda y examina las tensiones entre las narrativas de los expertos profesionales del derecho de la Comisión de Verdad y Reconciliación del Perú, y las narrativas nativas, de las comunidades campesinas afectadas y los protagonistas de la guerra civil en el Perú.

El viernes 13 de noviembre se discutió el texto “Derecho, Historia, Memoria. El negacionismo: ¿ejercicio de una libertad o violación de un derecho?”, en el cual la Dra. Sévane Garibian (Universidades de Paris X y Ginebra) presenta y estudia los dilemas jurídicos, políticos, históricos y morales comprometidos en la sanción de una ley en Francia que castiga el negacionismo. El texto y la discusión posterior se centraron en el debate sobre las posibles respuestas jurídicas a estos dilemas; las tensiones entre la necesidad de proteger la libertad de opinión y, simultáneamente, evitar revictimizar a grupos e individuos; la superposición de las tareas de los historiadores y los jueces, la competencia en este caso específico de ambos actores y escenarios las interpretaciones del derecho anglosajón, francés, europeo y argentino sobre este tópico; entre otros temas.

 

 
 
COMENTARIOS
LIBROS

Badaró, Máximo, Militares o Ciudadanos. La formación de los oficiales del Ejército Argentino, Buenos Aires, Prometeo, 2009.


Por Sabina Frederic


El estudio etnográfico sobre la formación militar inicial de los oficiales del Ejército Argentino de Badaró analiza en profundidad discursos y prácticas de agentes de una institución muy escasamente explorada por las ciencias sociales de nuestro país, particularmente en su actualidad. Por su lenguaje claro, su valor científico y académico se traduce además en aporte para la intervención sobre el campo de las políticas de formación militar. Militares o ciudadanos es un buen ejemplo de cómo la investigación empírica en ciencias sociales puede contribuir a darle una perspectiva diferente a los problemas de la agenda pública, y a su vez a mostrar que la agenda de investigaciones científicas debe situarse a cierta distancia de la agenda de temas definidos públicamente.

Entre las virtudes del trabajo de Máximo Badaró está el haber estudiado un tema tabú para las ciencias sociales argentinas, un objeto animado por agentes signados, como dice Elizabeth Jelin en el Prólogo, por un “desprecio social merecido”, que estuvieron virtualmente fuera de la agenda pública democrática hasta hace poco menos de cuatro años, justamente cuando él completó su investigación etnográfica. Su autor elude en su libro la tentación de dejar al lector capturado por la fascinación resultante del descubrimiento del exotismo militar, de esa tribu espacialmente próxima pero culturalmente distante, valga decir con más precisión, distante de nosotros los académicos universitarios progresistas intelectuales. Contrariamente, sienta una perspectiva capaz de poner esta singularidad a dialogar con los aspectos más generales de la formación profesional militar en regímenes democráticos, particularmente en América Latina.

Como señala Badaró, desde la consolidación formal de gobiernos democráticos las investigaciones sobre las FFAA de esta región se han concentrado principalmente en el “estudio de sus grados de subordinación y autonomía respecto del poder civil; en el diagnóstico de posibilidades de golpes de Estado o levantamientos militares y en las temáticas ligadas a los pasados dictatoriales y las violaciones de los DDHH cometidas por las instituciones militares”. ¿Dónde encuentra entonces Badaró el carácter inédito de su objeto? En que ninguna de esas perspectivas se ha interesado en indagar cómo se forman los militares profesionalmente en el marco democrático actual, sus aspectos internos y las experiencias individuales de sus integrantes. Como el título del libro indica, entre sus intereses está el de determinar si esa formación es coherente con este “marco democrático actual”. Con tono crítico al respecto, Badaró subraya: “No sería exagerado plantear que todos los cambios que el Ejército ha introducido desde 1983 hasta 2005 en el proceso de reclutamiento y socialización de sus miembros han sido producto de su propia iniciativa” (p. 37). Solos en esa tarea, ¿qué posibilidades pudieron tener de volver coherente con el marco democrático una institución universalmente jerárquica y vertical?, parece preguntarse el autor entrelíneas.

Justamente, el libro es un recorrido por esas dimensiones de la socialización militar que permiten apreciar las tensiones, contradicciones y ambigüedades entre la formación como ciudadanos y como militares. Aunque, como el mismo título del libro indica, su autor encontró más oposición entre esos términos que solapamiento, como si en ese ‘esfuerzo autónomo’ del Ejército por refundar su identidad como ciudadanos militares la soledad les hubiera jugado en contra. El libro busca mostrar que en ese esfuerzo de reconversión de la identidad institucional, el Ejército Argentino no ha modificado una dimensión sobre la cual ha intentado construir desde los años ‘30, al menos, su legitimidad pública: la dimensión moral de la profesión militar. Una de las cuestiones que deja abierta el estudio es qué moralidad profesional militar sería compatible con la ciudadanía democrática, o incluso al revés, qué valores morales son los que debiera conllevar el ejercicio de la ciudadanía. Una pregunta cuya respuesta hubiera requerido definir qué es la “ciudadanía democrática” e incluso dejar claro que, tratándose de una institución vertical y jerárquica, el orden democrático no parece poder administrar las decisiones gestadas en su interior, ni entre el poder político civil y el militar.

Analiza entonces Badaró la secularización de la socialización militar, un proceso desparejo, contradictorio e inconcluso, donde priman la fragmentación y la ambigüedad de sentido en la construcción y transmisión de esa identidad militar. Así, los tres ejes de investigación seguidos por el autor: 1) el nuevo modelo de militar y las reformas educativas del CMN; 2) las relaciones de género post incorporación de mujeres a la carrera de oficial; y 3) la construcción y transmisión de las memorias institucionales, que permiten ver la combinación, coexistencia y relación entre esa dimensión sacralizada de la identidad militar (basada en una moral religiosa) y aquella que busca la secularización, finalmente despareja, ambigua y ciertamente inconclusa. Badaró divide su argumento en tres partes para mostrar la relación entre sacralidad y secularización en la formación de oficiales. Finalmente, señala que la coexistencia y hasta la compatibilidad de ambas lógicas no permiten fundar una identidad militar democrática, pues la sacralización de la formación fundada en el valor dado al sufrimiento del cadete impide colocar al futuro oficial en relación de igualdad moral respecto de otros ciudadanos. El sufrimiento, dice Badaró muy acertadamente, se convierte en una pedagogía, un instrumento para crear y demostrar la identificación individual con el grupo y cimentar la identidad militar como moralmente excepcional y superior. Esto contribuye a sostener la coexistencia de dos nociones sobre la profesión militar: una que concibe al Ejército Argentino como una institución cuya finalidad es ser el brazo armado de la Patria a instancias de un supuesto vínculo privilegiado con la esencia de la nacionalidad argentina, y otra que subraya la subordinación de las fuerzas armadas al presidente de la nación en su calidad de comandante de la nación.

Dos cuestiones quisiéramos plantear al libro: una teórica y otra etnográfica. Hubiera sido importante saber por qué omite considerar la bibliografía académica de autores como Bernard Böene o Christopher Dandeker, orientada a comprender las transformaciones de la profesión militar en el mundo occidental con la declinación de las Fuerzas Armadas de masas, resultante de la abolición del servicio militar obligatorio. Pues este proceso ocurrido en nuestro país hacia 1995 transformó la función social civilizatoria asignada al Ejército y las FFAA, y alteró estructuralmente el sentido de su misión, además de los patrones de intimidad, privacidad y género. Como muestran esos autores, ello dio lugar a una transformación en las relaciones entre la Nación, el Estado y la sociedad de las cuales las Fuerzas Armadas participaban activamente, un punto clave del argumento de Badaró.

La segunda cuestión es por qué el libro está escrito en presente, si está basado en datos producidos hacia los años 2004 y 2005. ¿Es por temor a perder actualidad? ¿Por necesidad de alcanzar una vigencia garantizada por la atemporalidad? ¿Haría de este estudio uno menos valioso referirlo al pasado? Creemos que no. Algunas cosas han cambiado y lo que sucede en el Colegio Militar de la Nación no refleja al Ejército en su conjunto, por tratarse de un espacio atravesado por quiebres generacionales, resultado de procesos donde se vinculan el adentro y el afuera, aunque los actores a veces naturalicen la separación. Pero el libro de Badaró descubre mecanismos centrales de una cierta forma de la socialización militar, sobre la cual habría que preguntarse no sólo cómo contribuye a la formación de militares y ciudadanos, sino también cómo contribuye a su desempeño en los escenarios eventuales y actuales de ejercicio profesional. Pregunta que invita a reflexionar sobre la función de los militares argentinos en un nuevo contexto regional e internacional.


LIBROS

Garaño, Santiago y Pertot, Werner, Detenidos-Aparecidos. Presas y Presos Políticos desde Trelew a la Dictadura, Buenos Aires, Biblos, 2007.


Por María Eugenia Mendizábal

Santiago Garaño y Werner Pertot acababan de realizar una presentación pública en la provincia de San Juan de su primer libro La otra juvenilia. Militancia y represión en el Colegio Nacional de Buenos Aires 1971-1986 (2002).

Pasado el estrés y la alegría de la presentación fue que conocieron a una mujer que comenzó a contarles su vida en cautiverio como presa política durante la última dictadura militar.

A Santiago (Lic. en Ciencias Antropológicas) y a Werner (periodista, Lic. en Letras) la autoría del primer libro los llevó a la investigación y publicación del segundo. Detenidos-aparecidos trae voces que no han circulado suficientemente en el espacio público de nuestro país: las voces de quienes sobrevivieron a las cárceles de la dictadura. Y las trae sobre la base de un trabajo de investigación y de valiosas entrevistas realizadas a los ex presos. En el libro se recuperan relatos de vida de algunos de ellos y se da cuenta de la militancia, las acciones políticas, las caídas, las fugas, las cadenas de solidaridad que les permitieron seguir con vida y resistir a la violencia propia del régimen penitenciario que buscaba “quebrarlos”.

Como indica Pilar Calveiro en el prólogo del libro, es necesario escuchar esas voces para comprender otra de las dimensiones del terrorismo de estado. Las voces de los ex presos/as políticos/as dan cuenta de los grados de articulación entre los dispositivos concentracionarios y las cárceles. Esas voces traen otras experiencias que se amalgaman con aquellas de las que ya teníamos noticias.

Aproximadamente doce mil personas fueron presas políticas en la dictadura, a la par de las miles que desaparecieron en los centros clandestinos de detención. Desde el punto de vista de los “detenidos-aparecidos”, con un tono vívido y humano, el libro de Garaño y Pertot recorre el camino de esos militantes entre 1972 y 1989, cuando fue liberado el último detenido de la dictadura, reconociendo la escala individual y social de esa experiencia, reconstruyendo las trayectorias institucionales / de resistencia de algunos/as presos / militantes, accedemos a la vida en las cárceles pobladas por presos políticos.

Entre los aportes del libro, se encuentra el de hacer estallar temporalidades prefijadas: estas historias, las que narran cuidadosamente los autores, no comienzan en 1976 ni terminan en 1983. Es notorio ¿todos recordábamos que el último preso político de la dictadura fue liberado en 1989, tan cerca del Juicio a las Juntas, tan cerca de Tablada?



PELÍCULAS

¿Qué hacemos con el duelo?, Comentario sobre la presentación de Kadish, documental realizado por Bernardo Kononovich

Por Emmanuel N. Kahan

“¿Dónde ponemos a los ‘malos’ de la historia?” es un interrogante que Elizabeth Jelin nos proyectó hace un tiempo atrás –en este mismo boletín– para transmitirnos su experiencia y reflexiones tras la visita que realizó a Budapest y Berlín. En aquel entonces, julio de 2008, Jelin nos proponía un nuevo itinerario para la reflexión en torno a las formas de construcción de la memoria: si los memoriales centraban su atención en la recordación de las víctimas, los victimarios habían sido marginados al ámbito judicial. “¿Qué hacer con los victimarios?, ¿cómo y dónde representar el mal?”, eran los puntales para profundizar la reflexión encriptada en una pregunta diferente: ¿cómo se establece quiénes son los malos?

La descripción de Parque del Recuerdo-Parque de las Estatuas de Budapest resulta ilustrativo: tantas veces se pregunta Elizabeth Jelin por qué estas estatuas no pudieron conservarse en su sitio original sin haber sido condenadas a conformar parte del paisaje del memorial sobre la dictadura comunista. Por ejemplo, el monumento a los 1200 hombres que formaron parte de las Brigadas Internacionales que participaron de la Guerra Civil Española, “¿es un monumento de la tiranía?”.

¿Para qué este prolongado preludio? Porque, efectivamente, creo que en las preguntas a Jelin se encuentra un problema sensible en torno de nuestras reflexiones –ya sea por el lado de la memoria o por el de lo judío– ¿cómo se construyen las categorías con las cuales enunciamos experiencias, objetos de estudio o periodizaciones?

Vayamos al punto. El viernes 14 de agosto el Núcleo de Estudios sobre Memoria y el Núcleo de Estudios Judíos organizaron la presentación el documental Kadish en el auditorio del IDES. El film, que fue presentado por su director, intenta abordar otro interrogante: cómo representarnos y aceptar la muerte frente a la imposible materialización del entierro. En otras palabras: la pregunta por el duelo.

Kadish es la plegaria con la cual los judíos entierran a sus muertos –y acá deberíamos volver a problematizar la cuestión de las categorías: ¿acaso todos los judíos despiden a sus difuntos con el mismo rezo?–. Durante el desarrollo del film, un conjunto de entrevistas nos introducen a una serie de problemas en torno a cómo celebrar el duelo cuando nos faltan los cuerpos y los “lugares de memoria” individualizados en los cuales re-encontrarnos con nuestros familiares o amigos muertos.

Sin embargo, estos cuerpos son distintos: su ausencia es producto de la historia política argentina. Del terrorismo de Estado. De la insidiosa máquina de matar azuzada por la Junta Militar argentina. Pero su diferencia también radica en el nombre con que son evocados: “detenidos-desaparecidos de origen judío”. Y el sólo nombre con que son invocados nos abre a un amplio abanico de peguntas acerca de quiénes y cómo construyeron esta categoría: el detenido-desparecido de origen judío.

Quizás resulte significativo volver sobre uno de los testimonios recobrados en el film: el de una hermana que declara que antes de la detención y posterior desaparición de su hermano, éste habría rechazado su identificación como víctima de ascendencia judía– que nos recuerda al relato de Semprun en El largo viaje acerca de un compañero de militancia de la resistencia antifascista que teme que sea descubierta su “judeidad”, pues él sabe que está en el Lager por comunista y quiere permanecer bajo ese estatus.

¿Por qué habría rechazado su identificación con lo judío? La respuesta, aunque pueda ser producto de múltiples decisiones personales, encuentra un marco de referencia general en el contexto previo a la irrupción militar y las persecuciones desembozadas contra militantes políticos, gremiales y sociales. Muchos de los jóvenes que habían participado de las filas de los movimientos juveniles sionistas y no sionistas comenzaron a alejarse de la militancia judía en los albores de los setenta –especialmente– entre la dictadura lanussista y la primavera camporista.

Los motivos fueron diversos: desde la identificación con el clima social y revolucionario latinoamericano, hasta la dificultad en sostener una narrativa de liberación nacional para el propio continente y legitimar la situación de oprobio que vivían las poblaciones palestinas en Medio Oriente. Quien pueda relevar las páginas de Nueva Sión– vocero de los sectores de izquierda del sionismo– podrá observar la difícil tarea de sus redactores al tratar de caracterizar al sionismo como un movimiento de liberación nacional. E, incluso, registrará una serie de interesantes polémicas entre viejos militantes de las propias filas que se declararán antisionistas. (Asimismo, pueden encontrarse polémicas con el sacerdote Carlos Mujica, con el periodista de Noticias, Rodolfo Walsh y los “compañeros” de El Descamisado, todas vinculadas a la situación en Medio Oriente).

Efectivamente, muchos de esos jóvenes que engrosaron las filas de las formaciones político-militares, las agrupaciones universitarias y/o las organizaciones sociales, habían tomado distancia de las diversas formas de identificación que proponía el mundo judío. Incluso, algunos habían llegado a impugnarlo. Pero, también es cierto, una vez en las fauces de la represión clandestina, el sambenito de su judeidad era excusa de los torturadores para agudizar los tormentos.

¿Cómo se construyó la noción de “detenidos-desaparecidos de origen judío”? Esta pregunta nos pone a las puertas de una serie de problemas. Pues, si bien estamos frente a una categoría aceptada y utilizada de manera frecuente, confrontamos con el hecho de que muchos de los jóvenes que engrosan las listas de detenidos-desparecidos fueron re-judeizados por sus torturadores. No obstante, los familiares de esos jóvenes, así como el Movimiento Judío por los Derechos Humanos– liderado por el rabino Marshall Meyer y el periodista Herman Schiller–, denostaron a los representantes de la comunidad judía en nombre de su débil accionar a favor del rescate de los judíos detenidos en centros clandestinos de detención.

Y, sin embargo, creo que la construcción de la categoría de “detenidos-desparecidos de origen judío” no se resuelve en la disyuntiva de quién la enunció primero ni qué uso se le dio después. Cuando el auditorio observaba el documental Kadish una pregunta volvía una y otra vez– y que se me disculpe este tono más personalista–: ¿acaso estamos siendo justos con las trayectorias personales y militantes de esos jóvenes que hoy denominamos “desaparecidos judíos”? Volver sobre los debates en torno a sus propias trayectorias, los distanciamientos con las diversas formas de militancia judía y el renunciamiento a la vida socialista en el Kibutz, nos puede ayudar a comprender cómo es que esos jóvenes fueron devorados por la experiencia concentracionaria.

No obstante, no puede menoscabarse la fuerza que el concepto de “detenido-desaparecido de origen judío” ha tenido a lo largo de esta treintena de años. Ha servido como herramienta de denuncia política por parte de los familiares en detrimento de los dirigentes comunitarios. Y, asimismo, como experiencia instrumental para legitimar la injerencia de la justicia española en la investigación de los crímenes de lesa humanidad ocurridos en Argentina durante el período 1976-1983 (1). Sin embargo, las investigaciones que se están realizando sobre la comunidad judía durante la dictadura militar intentan recuperar un cúmulo de experiencias y trayectorias militantes que estarán en tensión con la categoría de “desaparecido judío”. Y no es un problema menor, porque entonces también tendremos que poner en suspenso algunas nociones sobre la responsabilidad, complicidad y la resistencia de diversos sectores del amplio marco comunitario judío frente a la dictadura militar.


(1) En 1996, el tribunal español presidido por el juez Baltasar Garzón hizo lugar a una demanda presentada por el Fiscal Carlos Castresana , miembro de la Unión Progresista de Fiscales, para que sean juzgados por crímenes de lesa humanidad los responsables del terrorismo de Estado en Argentina. El pedido de la fiscalía se cimentó en la consideración del Fiscal acerca de que “la represión producida en Argentina tenía comportamientos o connotaciones genocidas, relativas en particular a una determinada raza, al especial objeto de persecución que se hizo contra los ciudadanos argentinos de origen judío”. Ver Co.So.Fam, La violación de los derechos humanos de argentinos judíos bajo el régimen militar (1976-1983), Buenos Aires, Milá, 2006.



 

RESEÑA

Memoria de elefantes para la violencia política

Por Laura Rafaela García

La elaboración de lo ocurrido durante la última dictadura, por los diferentes sectores de la sociedad como de las generaciones que nacieron después, es tarea de la memoria. No sólo para completar el proceso de duelo y para evitar que el pasado violento se repita, sino también para ayudar a las nuevas generaciones a construir sus propias representaciones del pasado y poder entenderlo, proyectándose hacia el futuro.

“Tener memoria de elefante” es demostrar la capacidad inteligible para conservar los hechos del pasado y en este trabajo se propone un nuevo sentido a esta expresión popular; es también, tener la capacidad de narrar el pasado (Jelin, 2002). Por eso, me interesa explorar las narrativas anteriores a los años setenta y extenderme a las de los noventa para avanzar en las representaciones de los hechos de autores “faro” (1) para la literatura infantil argentina como: María Elena Walsh, Laura Devetach, Elsa Bornemann, Gustavo Roldán y Ricardo Mariño.

El elefante es un universal (Williams, 1980) dentro de la literatura infantil por su permanencia a lo largo del tiempo, su vigencia en los relatos para niños desde Babar, el elefante francés de Jean de Brunhoff de 1934, pasando por el popular Dumbo de Walt Disney de 1941; ambas producciones dan cuenta de un personaje familiar dentro del imaginario infantil. Como universal, el elefante comparte características comunes: es un animal imponente por su tamaño, de larga vida, inofensivo ya que no representa una amenaza para el hombre y puede ser domesticado, además es un personaje de circo en su faceta más conocida. También, está presente en la narrativa oral a través de canciones infantiles como “el elefante Trompita” (2) o “Un elefante se columpiaba sobre la tela de una araña…” (3) ; en todos los casos nos remite a la inocencia de un imponente animal capaz de arriesgarse en diferentes situaciones.

Sin embargo, en cada geografía el elefante tiene representaciones y sentidos particulares; propongo recorrer textos de elefantes de la literatura infantil argentina e introducirnos en el mundo simbólico para destejer las formas de contar el pasado violento en estas narrativas. Hay en este mundo un orden subvertido, que considero constitutivo de la literatura infantil argentina desde María Elena Walsh en adelante, y propio del mundo simbólico, donde importa más lo que significa, donde se impugnan las relaciones establecidas para crear otras.

La propuesta es organizar una serie, que responde a un orden cronológico pero en su recorrido acepta la dinámica del lector. Esta serie intenta dar cuenta de la violencia política en los setenta, y puede pensarse como una manera de intervenir con estos textos en los lectores, considerándolos como sujetos activos en el proceso de construcción de las narrativas de la memoria.

El primer elefante que inaugura esta serie es Dailan Kifki, de María Elena Walsh, publicado en 1966. Una mascota fuera de lo común desencadena una serie de acciones acordes con su tamaño: llanto de grandes extensiones, toneladas de sopita de avena para saciar el hambre, la enormidad de un dolor de panza o de una tristeza de su tamaño y una aventura que involucra a mucha gente.

En medio de la amenaza que representa un elefante volador para el resto de la sociedad, entre lo incierto de la aventura el lector puede reconocer a quienes intervienen: bomberos, policías, intendentes, embajadores que tratan de poner orden y hasta prohíben tener como mascota a un elefante. Pero, al mismo tiempo el lector se siente particularmente atraído por la historia fantástica del personaje y su dueña, que desde el momento que lo recibe lo incorpora a su vida naturalmente.

Dailan Kifki se construye en la oposición de dos mundos: un mundo real, de adultos burocráticos, y un mundo fantástico que a cualquier lector le gustaría compartir por lo impensado de las acciones. A través de esta historia se instala la figura del elefante como un personaje que sin quererlo desafía el orden de las instituciones e involucra a un grupo de gente en una serie de situaciones que salen de lo común y provoca arriesgadas aventuras.

El segundo elefante de esta serie es Guy, el personaje del cuento homónimo de Laura Devetach, publicado en 1975 en Monigote en la arena. Toma como eje central el miedo a desaparecer que tiene el elefante y moviliza todo el mundo del circo que gira a su alrededor. La misma emoción que le provoca distinguir su reflejo en el agua es la que experimenta cuando, al pisar una piedra, cae y desaparece. La desaparición asociada al miedo paraliza a Guy y modifica su comportamiento, a partir de esa experiencia él empieza a repetir una frase en la que confluyen inevitablemente la ficción y la realidad:

“-¡Si me caigo, desaparezco!- dijo Guy angustiado-. Mejor trato de no caerme más. ¡No tengo ganas de ser un elefante desaparecido! Y se alejó del río con pasos cortitos como si lo hubieran almidonado. Tenía mucho miedo de volver a caerse. -Un elefante ocupa mucho espacio, si cae de espaldas desaparecerá- iba murmurando Guy camino al circo. Y se cuidaba muy bien de no pisar piedras redondas” (2008:33).

Desde ese momento, se resalta la palabra desaparecerá en negrita, lo cual la carga de sentido por su relación con el contexto social argentino. Después de un tiempo, Guy se siente atraído por la música, se olvida por un instante del miedo, se pone a bailar y se cae jugando; entonces comprueba que no desaparece. Guy representa el miedo a moverse, a decir algo, a perder su cuerpo, a arriesgarse; miedos personales que reflejan sensaciones colectivas ante la pérdida de la libertad para expresarse.

Otro personaje de esta serie es Víctor, un elefante que piensa en grande. Elsa Bornemann toma del cuento de Devetach la frase: “Un elefante ocupa mucho espacio, si cae de espaldas desaparecerá” y publica en diciembre de 1975 Un elefante ocupa mucho espacio, que incluye quince cuentos breves. El cuento de Víctor lleva el mismo nombre que el libro, el elefante de circo se revela un día y logra convencer a sus compañeros de que deben modificar su forma de vida. Leones, monos, osos, loros se revelan a las órdenes de los domadores e invierten la vida del circo transformándose en domadores de hombres.

Las ideas de Víctor tienen que ver con la vida en libertad de la selva que la mayoría de los animales del circo no conoce. En clave de ficción, hay también una propuesta social de la autora para revertir la situación de opresión que el país estaba atravesando en ese momento. Los recursos de los que se vale esta historia son la inversión de roles entre animales y hombres y la metáfora presente entre el pensamiento del elefante, su propuesta y su tamaño.

Se puede ver hasta aquí que esta serie está integrada por un elefante como Dailan Kifki, que se convierte en la primera mascota prohibida por los riesgos que representa su presencia, después está Guy que representa el miedo a las amenazas de una sociedad violenta y, por último, nos encontramos con el primer elefante que se revela a una vida que no es la que quiere vivir. En todos los casos, los elefantes protagonizan una historia que involucra y altera la vida de un grupo de personas o animales. Esta primera parte de la serie, especialmente los dos últimos cuentos, se escribe en un momento donde los derechos de las personas son amenazados por los mecanismos de una represión inminente.

Más adelante, en 1984 durante la democracia, Gustavo Roldán incluye el cuento “¿Quién conoce un elefante?” en El monte era una fiesta. El relato sobre el elefante en este caso introduce una idea que será recurrente en la obra del autor, acerca de la apariencia del elefante. La pregunta inicial del título nos hace pensar en la voluntad de recordar a los elefantes o a los textos que hablaban de elefantes antes de la dictadura; es una vuelta a un punto central planteado al principio de esta serie: la apariencia del elefante, pero no es él el protagonista de la historia sino sobre quien se discute.

El cuento empieza con la inquietud que genera la palabra elefante y un diálogo entre la vizcacha y el sapo. Este personaje no le tiene miedo al elefante y además, lo conoce y lo que no sabe lo inventa; acierta en todo, menos en el tamaño. Pero, lo que le interesa al sapo no es la apariencia del elefante, sino la admiración de la vizcacha que cree que el sapo lo sabe todo. Este cuento, al preguntarse, está reponiendo la presencia que habían perdido los elefantes con la censura de los textos de Laura Devetach y Elsa Bornemann.

En esta serie se incluye otro texto de Roldán, titulado Prohibido el elefante, publicado en noviembre de 1988. Un cuento que relata metafóricamente cómo se resuelven las diferencias de dos grupos que tienen diferentes puntos de vista sobre el tamaño del elefante: por un lado, el jaguar y su grupo que sigue las ideas del sapo para quien el elefante tiene el tamaño de un ratón y, por otro lado, el puma y los suyos que siguen el pensamiento de la lechuza, quien dice que el elefante tiene el tamaño de un caballo. Esta oposición no da lugar a otros pensamientos, sólo a obedecer como dice la vizcacha. Entonces, interviene la pulga que conoce realmente al elefante porque vivió en un circo, sin embargo se le prohíbe arbitrariamente dar su versión de los hechos.

Después del empate de los partidos en las elecciones, ambos candidatos deciden que los elefantes no existen y eso termina por enojar a la pulga que se encarga de hacer circular una frase de Adolfo Bioy Casares que dice: “El mundo atribuye sus infortunios a las conspiraciones y maquinaciones de grandes malvados. Entiendo que subestima la estupidez” (Roldán, 1999:52). La frase que se encarga de difundir la pulga es muy interesante porque encierra también una opinión indirecta sobre los hechos. Por un lado, se trata de una pulga que no se conforma y, a pesar de su tamaño y del contexto, logra expandir sus ideas entre los insectos del monte. En este sentido, no puede desconocerse en esta actitud una mirada optimista del autor para la memoria de las futuras generaciones. Por otro lado, esta cita de Bioy Casares deja implícito el planteo de las responsabilidades eludidas por varios sectores.

Este cuento publicado en democracia cuando se están buscando explicaciones de lo que ocurrió durante la dictadura, podría leerse como una interpretación de “la teoría de los dos demonios” que fue un primer intento de reconocer la violencia pero siguió evitando las responsabilidades del Estado sobre lo ocurrido en la dictadura.

El último cuento de esta serie es “El genio del Basural” de Ricardo Mariño, incluido en El héroe y otros cuentos. Este texto es de 1995, un año clave para el campo de las memorias no sólo porque se escuchan las primeras voces de los victimarios sino también por el surgimiento de una cantidad de producciones culturales (textos, películas, etc.) relacionadas con el tema, que dan cuenta de diferentes formas de elaborar el pasado. El cuento relata la historia de Sebastián o “Terremoto”, un chico del barrio que rodea un basural, quien encuentra “una especie de tetera oxidada y abollada” y al frotarla sale un genio malhumorado; Terremoto busca a su amigo Rengueira y juntos le piden al genio como primer deseo un elefante. La presencia de la lámpara y el genio desencadenará una serie de sucesos en el barrio, entre vecinos, que tiene muchas necesidades.

Este texto es clave para este momento de la serie, ya que representa esa incorporación del elefante o el deseo de tener un elefante; ese “otro”, ligado al mundo oriental explicitado en la intertextualidad de dos clásicos de la literatura como son Aladino y la lámpara maravillosa y Alí Babá y los cuarenta ladrones. Se trata de la incorporación de una mascota exótica al mundo del basural y, especialmente al de Terremoto, que la conservará como medio de transporte. Es una posibilidad de interpretar en el marco de esta serie la memoria como una elección, como en el cuento también se puede adoptar al elefante e incorporarlo al mundo de cada lector.

Para concluir, la ficción es la que da cuenta de la violencia política y mediada por el lenguaje ficcional, la historia del pasado reciente se puede contar (Nofal, 2006). Es a través de la figura del elefante que la literatura infantil nos propone conocer la experiencia del miedo a desaparecer, el autoritarismo de las disputas donde nadie tiene la razón, las voces silenciadas arbitrariamente, etc. María Teresa Andruetto (2009) sostiene que participar de la ficción refleja una necesidad humana de participar de otras vidas y mundos posibles. Me interesa pensar la ficción en estos términos como una instalación de otro tiempo y de otro espacio atravesado por las características del presente. Este rasgo coyuntural de la literatura, como manifestación artística, de estar condicionada por múltiples circunstancias sociales, culturales y políticas es un lugar posible para pensar la construcción de las memorias.


(1) Este concepto de “autor faro” lo tomo en el sentido que le dan Carlos Altamirano y Beatriz Sarlo al definirlo como: “aquellos de quienes se habla y a quienes se cita … son señales ostensibles de la problemática dominante. Esta traza de referencia de mayor vigencia pública dentro del campo y respecto de las cuales toman posición, a veces polémicamente, la mayoría de los actores, escritores, críticos, taste-makers, etc., del escenario intelectual. Una problemática tiene, además, la capacidad de definir o redefinir la posición de un escritor (su actualidad o su obsolencia) dentro del campo” (Sarlo y Altamirano, 1983:84).

(2) El texto es el siguiente: “Yo tengo un elefante/que se llama Trompita/ y muévelas orejas/ llamando a su mamita/ y su mamá le dice:/ portate bien Trompita/ si no te voy a dar/ chas chas en la colita”.

(3) La letra de la canción dice: “Un elefante se columpiaba sobre la tela de una araña/ como veía que resistía/ fue a llamar a otro elefante./ Dos elefantes se columpiaban sobre la tela de una araña/ como veían que resistían fueron a llamar a otro elefante./ Tres elefantes…”


BIBLIOGRAFÍA:
Andruetto, María Teresa, Hacia una literatura sin adjetivos, Córdoba, Comunicarte, 2009.
Bornemann, Elsa, Un elefante ocupa mucho espacio, Buenos Aires, Alfaguara infantil, 2008.
Devetach, Laura, Monigote en la arena, Buenos Aires, Colihue, 2008.
Jelin, Elizabeth, Los trabajos de la memoria, Madrid y Buenos Aires, Siglo XXI de España Editores y Siglo XXI de Argentina Editores, 2002.
Petit, Michele, Lecturas: del espacio íntimo al espacio público, México, Fondo de Cultura Económica, 2006.
Roldán, Gustavo, El monte era una fiesta, Buenos Aires, Ediciones, 2008.
_____________, Prohibido el elefante, Buenos Aires, Sudamericana, 1999.
Sarlo, Beatriz y Altamirano, Carlos, Literatura y Sociedad, Buenos Aires, Hachette, 1983.
Walsh, María Elena, Dailan Kifki, Buenos Aires, Alfaguara infantil-juvenil, 2007.
Williams, Raymond, Marxismo y literatura, Barcelona, Península, 1980.
Artículos: Díaz Ronner, María Adelia, “Literatura infantil de ‘menor’ a ‘mayor’”, en Noé Jitrik, Historia Crítica de la literatura argentina, Volumen 11, Buenos Aires, Emecé, 2000.
Nofal, Rossana, “Literatura para chicos y memorias: colección de lecturas”, en Jelin, Elizabeth y Kaufman, Susana (comps.), Subjetividad y figuras de la memoria, Madrid y Buenos Aires, Siglo XXI de España Editores y Siglo XXI de Argentina Editores, 2006.

 

RESEÑA
¿Qué papel cumplen los espacios para la memoria en nuestra sociedad?

Por Elizabeth Jelin


¿Espacios para la memoria? Lo primero que asocio es mi visita a un memorial en Berlín. Es el Memorial que recuerda a las víctimas homosexuales del exterminio nazi. La placa que acompaña al Memorial da cuenta de su sentido.


Traduzco:

En la Alemania Nazi la homosexualidad fue perseguida en una magnitud desconocida hasta entonces en la historia. En 1935, el Nacional-Socialismo promulgó una orden por la cual la homosexualidad masculina se convirtió en un crimen; las normas que definían la conducta homosexual, regidas por la ordenanza 175 del Código Penal, fueron expandidas de manera significativa y hechas más estrictas. Un beso se tornó motivo suficiente para ser perseguido. Hubo más de 50.000 condenas. El castigo era la cárcel; en algunos casos, los condenados eran castrados. Miles de hombres fueron enviados a campos de concentración por ser gay; muchos de ellos murieron allí. Murieron de hambre, enfermedad y abuso, o fueron víctimas de asesinatos planificados. Los Nacional-Socialistas destruyeron las comunidades de hombres y mujeres gay. La homosexualidad femenina no fue perseguida, excepto en la anexada Austria.

Los Nacional-Socialistas no la concibieron tan amenazante como la homosexualidad masculina. Sin embargo, las lesbianas que se opusieron al régimen fueron reprimidas con encono. Bajo el régimen Nazi, los hombres y mujeres gay vivían con miedo y bajo una constante presión que los llevaba a ocultar su sexualidad.

Durante muchos años, las víctimas homosexuales del Nacional-Socialismo no fueron incorporadas a las conmemoraciones públicas –ni en la República Federal ni en la República Democrática Alemana–. Tanto en el Este como en el Oeste la homosexualidad continuó siendo perseguida durante muchos años. En la República Federal, la sección 175 siguió vigente sin cambios hasta 1969.

Debido a su historia, Alemania tiene una responsabilidad especial para oponerse activamente a la violación de los derechos humanos de los hombres gay y de las mujeres lesbianas. En muchas partes del mundo, se sigue persiguiendo a la gente por su sexualidad, el amor homosexual continúa siendo ilegal y un beso puede ser peligroso.

Con este memorial la República Federal Alemana intenta honrar a las víctimas de la persecución y el asesinato, mantener viva la memoria de esta injusticia, y crear un símbolo duradero de la oposición al odio, la intolerancia y la exclusión de hombres gay y mujeres lesbianas.

El memorial consiste en un cubo ligeramente inclinado (¿desestabilizante?) de unos cuatro metros de altura. Tiene una ventana por donde se puede mirar hacia adentro, y lo que se ve allí es un video de un beso.

¿Por qué elijo este memorial para hablar sobre el sentido de los espacios de memoria en la sociedad? Son varios los motivos. El primero tiene que ver con el enorme impacto emocional que me provocó la visita. Sencillo, pocas palabras, mucho mensaje. Hay tres o cuatro motivos adicionales, importantes cada uno de ellos, que generan preguntas abiertas a la reflexión, el diálogo y también la controversia.

El memorial está en un parque, frente al Memorial a las víctimas judías del Holocausto, que es mucho más grande y conocido. No es el lugar donde ocurrieron los hechos, sino un pedazo de espacio público urbano, céntrico, a un par de cuadras de la emblemática Puerta de Brandemburgo. La pregunta se impone: ¿qué diferencia hace que el lugar elegido haya o no sido “el lugar de los hechos”? ¿Es necesario o importante sacralizar los espacios o lugares donde ocurrieron los hechos? ¿Se necesita la literalidad, la ruina, el testimonio intransferible, o valen también los espacios simbólicos?

El memorial se inauguró en 2008, casi setenta años después de los acontecimientos. ¿Cuáles son los tiempos y los ritmos de la memoria? ¿Por qué la urgencia y el apuro en marcar e intentar cristalizar procesos que tienen una historicidad y una temporalidad que no necesariamente es lineal? No puedo imaginar que algo así pudiera haber sido hecho a pocos años del final de la guerra y la caída del Nazismo. Porque, como dice el texto de la placa, la persecución de la homosexualidad no terminó con la caída del Nazismo, sino que siguió mucho tiempo más, y sigue todavía.

De hecho, un par de meses después de su inauguración --en agosto de 2008 y nuevamente en diciembre del mismo año –el vidrio que cubre la ventana apareció roto. La información periodística señala que alguien tiró piedras y rompió ese vidrio, y hubo actos de desagravio, en los que participaron autoridades oficiales abiertamente homosexuales. El conflicto y la controversia, ¿son sobre el pasado, o actualizan marginalidades, discriminaciones y prejuicios de hoy?

Finalmente, vuelvo al texto de la placa. Su mensaje es un mensaje que amplía el sentido específico y literal de las víctimas del Nazismo. A través de él, se le concede a Alemania una responsabilidad frente a la humanidad en su conjunto, sin restringirla a sus víctimas directas. Y quizás este sentido más universal, más “ejemplar” (en el sentido de Todorov) y orientado al horizonte de futuro más que a la reiteración del pasado, es el que, a la larga, habría que esperar de los diversos y múltiples “espacios para la memoria”.
   
 
 
JORNADAS, SEMINARIOS Y MESAS DE TRABAJO


Un seminario internacional diferente de los que me toca ir habitualmente

Por Elizabeth Jelin

Estuve en este seminario. El título tiene las palabras que conocemos bien, y si sólo nos quedamos en el título, parece ser uno más de los múltiples seminarios internacionales sobre el tema, donde colegas de distintos países y de distintas disciplinas se reúnen, presentan avances o resultados de sus investigaciones, intercambian preguntas y cuestiones sobre los temas involucrados. Encuentros conocidos, en los que nos toca participar a much@s de nosotr@s.

Este seminario, sin embargo, no fue eso. En primer lugar, la convocatoria venía de la Fundación 1° de Mayo, fundación creada por la Confederación Sindical de Comisiones Obreras de España y que cuenta con un Archivo de Historia del Trabajo, con documentación única sobre la clase trabajadora y el sindicalismo bajo el Franquismo. Desde la misma convocatoria al seminario quedaba claro que la inquietud sobre el tema de la represión dictatorial y la memoria en América Latina estaba cruzada por un hacer profesional y político: los archivos y su lugar social. Si bien los párrafos que introducían la reunión hablaban de víctimas de la represión, de reparaciones y de memorias, la cuestión de los archivos se manifiesta de manera explícita; su utilidad y centralidad es claramente reafirmada en la descripción del seminario:

… Entendemos que en estos ámbitos de la memoria de las víctimas de la represión y de la violación de los derechos humanos, los archivos que contienen información al respecto juegan a su vez un papel fundamental. En efecto, pues constituyen una fuente de información primaria para la investigación histórica y periodística. Son asimismo herramientas de utilidad en la reparación de las víctimas y en su caso en el enjuiciamiento de los responsables de los crímenes cometidos. Ofrecen igualmente múltiples posibilidades desde el punto de vista de la difusión y la pedagogía y resultan, en fin, instrumentos indispensables a la hora de producir políticas de memoria.

De ahí los objetivos del seminario:

Con este seminario se pretende visualizar, en primer lugar, dicha actividad memorialística y comparar las políticas de memoria entre sí. Se pretende igualmente discutir el papel creciente que los archivos juegan tanto en las políticas de memoria como en relación a los derechos humanos. En segundo lugar, se pretende poner en común las diversas experiencias, no sólo desde el punto de vista de los distintos estados, sino también desde un punto de vista interdisciplinar, con la participación de historiadores, sociólogos y archiveros.


Cuando hace varios años preparamos con Ludmila da Silva Catela el volumen sobre archivos de la serie “Memorias de la represión” (1), incluimos textos que indagaban sobre el archivo (o más bien los distintos tipos de archivos) como producto político y cultural. ¿Qué actores participan en el proceso? ¿Cuáles son las formas y los contenidos de sus luchas? El archivo, en esa perspectiva, es objeto de disputa, es objeto de negociaciones, de influencias y de luchas por el poder. No dudábamos de la importancia de estos archivos; más bien, estudiábamos la fragilidad de su constitución y las fuerzas sociales y políticas en lucha por preservar o destruir huellas y documentos del pasado reciente, tomando al archivo como “sobreviviente” o como algo a construir con las huellas que se puedan encontrar –sean éstas los testimonios orales, imágenes privadas y públicas, documentos en todas sus formas–.

Ahora, en este seminario, la cuestión era otra. Sé que algun@s colegas del Núcleo trabajan en relación cotidiana con archiver@s y tienen que abordar cuestiones ligadas a los archivos de manera habitual. Para mí, el diálogo con archiver@s y los sobreentendidos de esa profesión, son inusuales.

Por supuesto, conocía y había utilizado el documento que Antonio González Quintana (como coordinador de una comisión internacional) había elaborado para la UNESCO y el Consejo Internacional de Archivos a mediados de la década de los noventa, preocupados por cómo encarar las tareas de los “archivos de la represión” que se podían encontrar en el mundo. Desde entonces, la preocupación y los archivos de este tipo se multiplicaron y expandieron. En el informe que se presentó en 2008 y que está a punto de ser publicado (2), el tema recorre muchísimas más experiencias nacionales, los análisis y las recomendaciones han madurado y el tema ha cobrado otra relevancia, como lo expresó Antonio González Quintana en su exposición de cierre y en sus intervenciones en el seminario.

Hubo varias presentaciones que destacaban los archivos construidos a lo largo de años, especialmente los de la Red de Archivos Históricos de Comisiones Obreras, red conformada por archivos en diversas partes de España. La ponencia específica estaba dedicada a los archivos de los abogados y abogadas laboralistas que defendieron, durante el franquismo, los derechos de l@s trabajador@s en Valencia (presentación de Alberto Gómez Roda). Pero quedó muy claro el trabajo sistemático, convergente y articulado de todos estos archivos en la red. Hubo una línea de debate que atravesó varias ponencias de archiveros a cargo de archivos nacionales o con poder en la política archivística. Silvestre Lacerda, director del Archivo Nacional de Portugal, contó la manera en que los documentos y archivos de la represión se han incorporado, manteniendo las lógicas de las instituciones que los construyeron y usaron, al Archivo Nacional. Su exposición provocó las mayores envidias, tanto por la existencia de fondos documentales sobre la larga dictadura Salazarista como por la abundancia y ordenamiento de los documentos y archivos. Los archivos policiales están allí, pero también los archivos personales de Salazar. Frente a esta política centralizada y coherente, en España siguen las polémicas acerca del Archivo General de la Guerra Civil Española, la devolución de documentos a Cataluña, y su integración en el recientemente creado Centro Documental de la Memoria Histórica, en Salamanca. Este Centro debería concentrar en Salamanca toda la documentación referida a la guerra civil y al período franquista (entre 1936 y la Constitución de 1978). Si se materializa, esto significa el desmembramiento de otros archivos y el traslado a Salamanca de millones y millones de papeles y otros documentos. ¡Con la paradoja viva de que los documentos catalanes acaban de regresar a Cataluña!

A partir de estas descripciones y discusiones, se plantearon cuestiones éticas, prácticas y políticas. ¿Cuáles son las implicaciones de separar los “archivos de la represión” de los archivos generales del Estado, creando instituciones especiales para ello? ¿Tiene sentido trasladar archivos o dejarlos en las instituciones que los crearon? ¿Tiene sentido separar documentos para que estén en las regiones o lugares donde ocurrieron los hechos, independientemente del lugar donde fueron encontrados (para España, donde el tema de las autonomías regionales es tan importante, la cuestión puede convertirse en moneda de negociación política)?

Estos y otros temas fueron apareciendo en las ponencias y en el debate, siempre como cuestiones frente a las cuales los archiveros como profesionales tienen que actuar. Y de ahí la importancia de las nuevas recomendaciones del Consejo Internacional de Archivos y del nuevo libro de Antonio González Quintana.

Para mí, lo confieso, este tipo de discusiones no es habitual, y resultó sumamente instructivo. Una es usuaria de archivos, y espera encontrar los papeles y fotografías que anda buscando. Hasta allí el vínculo que yo tenía con los archivos realmente existentes. Con el agregado de haber discutido en distintos foros el tema del acceso, que también fue mencionado aunque en esta ocasión no se discutió tanto (porque al existir leyes de defensa de la intimidad, lo que los archivos hacen es respetarlas): los criterios de protección de la intimidad, las moratorias y demás, que implican una tensión nunca bien resuelta entre el derecho a la información y a la verdad, y el derecho a la intimidad y la privacidad…

Esto es España y Portugal. Frente a esto, ¿qué tenemos en nuestra región? En el seminario, hubo dos ponencias que tocaron explícitamente el tema archivos. En Uruguay, Álvaro Rico y el equipo de la Universidad de la República pudieron entrar y escarbar en numerosos archivos de oficinas y ministerios para elaborar los dos grandes informes: Investigación histórica sobre detenidos desaparecidos: en cumplimiento del artículo de la Ley Nro. 15.848 (5 volúmenes) e Investigación Histórica sobre la Dictadura y el Terrorismo de Estado en el Uruguay (1973-1985) (3 volúmenes). ¿Será posible seguir usando esos archivos? ¿Quiénes tendrán acceso a ellos ahora que fueron visibilizados? ¿Impulsará este trabajo una política de archivos específica?

En Perú, Ruth Borja describe cómo funciona el Centro de Información para la Memoria Colectiva y los Derechos Humanos, dependiente de la Defensoría del Pueblo, donde se ubican todos los materiales recogidos por la Comisión de Verdad y Reconciliación que funcionó en ese país. La fragilidad es constitutiva de este tipo de organizaciones. ¿Cómo lograr la sustentabilidad? ¿Corren menos riesgos este tipo de papeles –que molestan a tanta gente como para que sigan las amenazas a ex comisionados– si se los ubica en un Archivo Nacional? ¿Quién está dispuesto a jugarse para que esto ocurra?

Estos interrogantes y estas cuestiones son las que me llamaron la atención. Otras ponencias –sobre la relación entre historia y memoria (Manuel Pérez Ledesma), sobre las ausencias de políticas públicas en el campo de las memorias (Ricard Vinyes), sobre los cambiantes usos de los testimonios en Chile (Jaume Peris) – o la mía sobre las múltiples formas de memoria en el Cono Sur, fueron más parecidas a lo que estamos acostumbrad@s como producción de investigación y reflexión en este campo.


(1) Da Silva Catela, Ludmila y Jelin, Elizabeth (comps.), Los archivos de la represión: documentos, memoria y verdad, Madrid y Buenos Aires, Siglo XXI de España Editores y Siglo XXI de Argentina Editores, 2002.

(2) Política archivística para la defensa de los derechos humanos, por Antonio González Quintana, publicado por la Fundación 1° de Mayo de Madrid. Disponible también en:
http://www.ica.org/groups/sites/default/files/2008%2011%20AGQ%20Report_1.pdf


Primeras Jornadas de Investigación del AGU: Ideas, Saberes e Instituciones del Conocimiento
Por Vania Markarian

En el último lustro, el Archivo General de la Universidad de la República (AGU) se ha consolidado como un espacio de investigación sobre la historia cultural, científica y académica de Uruguay, con especial énfasis en los avatares universitarios.

Los pasados 1º y 2 de octubre se llevaron a cabo las "Primeras Jornadas de Investigación del AGU: Ideas, Saberes e Instituciones del Conocimiento", que buscaron ampliar esa perspectiva y estimular la discusión entre diferentes modos de analizar la producción y difusión del conocimiento en la segunda mitad del siglo veinte.

En la apertura participaron el Rector de la Udelar, Rodrigo Arocena, quien realizó un homenaje al profesor José Pedro Barrán (1934-2009), y la Ministra de Educación y Cultura, María Simón.

A lo largo de las dos jornadas se realizaron diez mesas temáticas con ponencias provenientes de cinco países y de diversos campos disciplinarios. Se presentaron estudios clásicos de historia de las ideas o el pensamiento, así como nuevos aportes sobre las relaciones entre cultura y política implícitas en la noción de intelectual, reconstrucciones de trayectorias institucionales, exámenes del surgimiento y desarrollo de disciplinas científicas, investigaciones sobre la historia de la educación, análisis de publicaciones y abordajes de diferentes productos culturales.

En la mesa final se contó con la presencia de destacados investigadores de la historia intelectual de América Latina como Marcelo Ridenti (Brasil), José Rilla (Uruguay), Hugo Achugar (Uruguay) y Carlos Altamirano (Argentina).

El Archivo General de la Universidad pretende convertirse en un espacio de dinamización del conocimiento. De poco sirve custodiar un acervo sobre la historia intelectual del Uruguay si no hay una comunidad que lo interpele y que cuestione sobre lo que no está guardado en los archivos. Para ello es imprescindible motivar espacios de encuentro e intercambio, objetivo plenamente cumplido durante este evento.


Crónica de las jornadas Mesas de trabajo: intervención social con la literatura. Investigaciones y prácticas en curso
Por Victoria Daona

Es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo (…), lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas...
(Rayuela, Julio Cortázar, Cap. 36)

En el marco del Proyecto CIUNT sobre memorias y el Programa de Voluntariado UNT/SPU sobre talleres de de literatura, el Grupo Creativo Mandrágora organizó las Mesas de Trabajo: intervención social con la literatura. Investigaciones y prácticas en curso, con la coordinación académica de Rossana Nofal. El evento se llevó a cabo entre los días 22 y 23 del septiembre pasado y contó con el patrocinio académico del Núcleo de Estudios de Memoria – IDES, el Museo de la Universidad Nacional de Tucumán – MUNT y la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia. Las jornadas de trabajo fueron declaradas de Interés Provincial.

El eje central fue la literatura; la propuesta, compartir experiencias, intercambiar estrategias, conocimientos, enriquecer y complejizar las propias prácticas de trabajo con el arte. Sobre la mesa de discusión se pusieron talleres, experiencias, bibliotecas, teatro, estrategias didácticas, planes de estudio y de trabajo, agendas políticas y problemas de Estado, imágenes de representación y modos de aprehensión. Este eclecticismo temático permitió quebrar los marcos académicos aceptables, y pensar la literatura desde sus prácticas e intervenciones, apostando al poder simbólico de la ficción y su posibilidad de “otro mundo” en tanto alternativa de contraste frente al “excesivo realismo” de otros discursos de circulación masiva (1).

La variedad disciplinaria generó un excelente clima de trabajo y dio lugar a discusiones riquísimas en cuanto a perspectivas, enfoques y aproximaciones sobre los propios objetos de estudios. El Secretario de Derechos Humanos de la Provincia de Tucumán, –Daniel Posse–, Marcy Schwartz de la Universidad de Rutgers, Analía Gerbaudo de la Universidad del Litoral, Virginia Rozza y Eliana Lacombe del Archivo de Memoria de Córdoba, Santiago Garaño del Equipo de Antropología Política y Jurídica de la Universidad de Río Negro, María Eugenia Mendizábal del Núcleo de Estudios sobre Memoria y todo el equipo de trabajo dirigido por Rossana Nofal estuvieron a cargo de las exposiciones en las jornadas.

El martes 23 por la mañana, los cuentacuentos del Grupo Creativo Mandrágora rompieron el hielo con lecturas de algunos capítulos de Rayuela de Julio Cortázar, el cuento Monigote en la arena de Laura Devetach y la historia del Oso que no lo era de Frank Tashlin, mientras una guitarra acompañaba las palabras. Esta intervención literaria -contundente e inicial- debilitó los límites que distinguen, con claridad, la realidad de la ficción y nos trasladó a una zona fronteriza en la que ambas categorías confluyeron con naturalidad y entusiasmo. Al terminar los cuentacuentos, alguien comentó en voz alta que se quedaba “con la piel de gallina”, y esa fue una señal de que el terreno estaba preparado.

El Secretario de Derechos Humanos de la Provincia, Daniel Posse, fue el primero en hablar; introdujo la problemática con respecto a las políticas carcelarias y la preocupación desde la secretaría por ese espacio marginado de las agendas estatales. Desconocía Posse que esa misma tarde -en el último panel- Fernando Korstanje pondría en evidencia esas carencias, al denunciar la censura injustificada que sufrió el grupo de teatro de la cárcel de mujeres de la provincia de Tucumán el día programado para el estreno de la obra La casa de Bernarda Alba.

La gente de Córdoba presentó el Archivo de la Memoria de la provincia, que funciona en el ex centro clandestino de detención y exterminio conocido como el D2. Virginia Rozza y Eliana Lacombe narraron la experiencia de recuperación y apropiación de ese espacio; lo que supuso recolectar los documentos, articularlos y poder gestar un lugar de acceso público que contenga y englobe a la sociedad en su conjunto. Similar fue la experiencia que María Eugenia Mendizábal contó con respecto al proceso de recuperación del ex centro clandestino “El Olimpo”, inmerso en el corazón de Floresta en la Capital Federal. En su discurso, Mendizábal resaltó que lo más problemático fue conseguir que los vecinos se acercaran al lugar; sin embargo, con la creación de un centro cultural y de la “Biblioteca Carlos Fuentealba”, ese espacio de memoria comenzó a formar parte del cotidiano del barrio.

Por su parte, Marcy Schwartz relató sus propias intervenciones con la literatura a través de “Gente y Cuentos (People and Stories)”, programa que propone acercar la literatura de mayor complejidad a personas cuyos procesos educativos se hayan visto interrumpidos o que viven en situaciones de precariedad y exclusión. La intención es tender puentes a partir de la metáfora, en donde la literatura no funcione como un discurso de elite, sino como un camino de (re)conocimiento e identificación entre las vivencias personales y las historias de los libros. La propuesta de Schwartz generó un arduo debate con respecto a consideraciones sobre la conveniencia de hablar en términos de alta o baja literatura, la importancia de que los libros sean accesibles para todos y, fundamentalmente, sobre el poder simbólico de los textos literarios, que irrumpen y subvierten las leyes de la lógica (y las de la gravedad también), lo que posibilita la apertura no solo a otros modos de decir, sino también a pensar colores, sensaciones, olores y sabores diferentes.

En cuanto a experiencias locales, Rossana Nofal y Ana María García Guerrero presentaron el Proyecto Madrágora y dejaron en claro que solo la fuerza motivadora de la pasión puede dar batalla a los molinos de viento y ganar las contiendas. Y que, además, todos los chicos tienen derecho a ser felices, leer cuentos, tomar la palabra y comer cosas “riquísimas”. Es por ello que, a partir de la consigna “Ni uno menos” (2), el Grupo Creativo Mandrágora, desde hace más de diez años, reparte historias, lápices, alfajores y palabras en los diferentes talleres literarios para niños que vienen realizando de forma independiente y con mucho pulmón. Lejos de cualquier otra bandera que no sea la de la infancia, Nofal y García Guerrero hicieron hincapié en que la experiencia Mandrágora reivindica la palabra y la metáfora con la convicción de que es posible “apropiarse de mundos independientes del mundo de todos los días”.

Actualmente el grupo trabaja en el Comedor Infantil Don Bosco, donde realiza dos talleres semanales: uno los jueves – en los que la experiencia literaria es total e incluye juegos teatrales, lectura y reelaboración de los cuentos y las historias trabajadas en cada encuentro- y otro los viernes – al que llaman “El Taller de Letras”. Este último proyecto, presentado en las jornadas por Silvina Perez Lucena y Alicia Small, surge a raíz de las dificultades que muchos de los chicos que asisten al taller de los jueves presentaban al momento de la escritura (3). Como bien explicaron Perez Lucena y Small, no se trata de un taller de alfabetización – puesto que todos van a la escuela- ni tampoco de apoyo escolar. En “El Taller de Letras” los chicos no aprenden a escribir, sino a apropiarse de la palabra, no retienen ni memorizan un sistema de signos abstractos, sino que construyen un universo de sentidos y esto favorece los procesos de aprendizaje que ya iniciaron en la escuela.

El Proyecto cordobés “La ronda de la memoria. Libros prohibidos de la dictadura” nos interpeló respecto a cómo contarles a los más pequeños el relato del pasado reciente. La pregunta que Nofal se hizo en el 2006 “¿Cómo hablar de miedo con historias para chicos?” (4) se actualizó cuando Virginia Rozza –en un video que mostraron- explicó para un auditorio infantil que “en los años ‘70 los militares no solo le habían arrebatado el poder a una presidenta electa democráticamente, sino que además se dedicaron a perseguir y asesinar a quienes pensaban distinto”. La crudeza con la que esas palabras fueron pronunciadas provocó el estremecimiento de muchos de nosotros y dejó instalada la preocupación sobre los modos de transmitir ese pasado.

Laura García se pregunta “¿Cómo se puede narra el Nunca Más a los chicos?” y ofrece su alternativa. Responde que es la literatura el modo mejor, dado que tiene el beneficio de estar con un pie en la realidad y otro en la ficción. En su trabajo, recupera los elefantes de la literatura infantil argentina, y conforma un corpus con obras de María Elena Walsh, Laura Devetach y Elsa Borneman. García cree con convicción que trabajar la circulación de los relatos es tema de la memoria, puesto que supone revisar los textos olvidados o marginados del campo literario. Esta afirmación revive las palabras pronunciadas por Gerbaudo con respecto a las nuevas políticas del archivo literario: “es necesario domiciliar los archivos, darles asiento público, re–editarlos e inscribirlos dentro de una democracia por-venir” que permita el libre acceso y no clausure.

Por último, Santiago Garaño dejó en evidencia la complejidad del proceso de elaboración de relatos, al narrar la experiencia de creación de sus libros La otra Juvenilia (2002) y Detenidos–Aparecidos (2007). Conciente de que solo pueden escribirse versiones del pasado, Garaño dejó en claro que a la hora de escribir un libro –en estos casos particulares, de contenido histórico– no solo es preciso recolectar y analizar documentos, sino que además es fundamental encontrar un eje, un tono y un género que den forma a ese caudal de información. En esa línea de discusión se inscribió el trabajo de Sebastián Fernández y también el mío. Fernández, desde el análisis del teatro tucumano de mediados de la década de los ‘60 y hasta el año 1985, y yo a partir de consideraciones respecto de la narrativa argentina contemporánea; ambos hablamos de “representaciones del pasado reciente” e intentamos indagar en las formas que ha ido tomando ese relato desde su presente inmediato – el de los años ‘70– hasta la actualidad.

El panel de cierre estuvo a cargo de Rossana Nofal, Analía Gerbaudo y Marcy Schwartz; ellas hicieron el balance de dos días intensivos de discusión, en los que predominaron las ganas y el disfrute de la literatura como arte. La sensación de que, a esas alturas, la ficción había tomado cuerpo quedó flotando en el aire. Sin darnos cuenta, habíamos estado jugando a la rayuela durante todo ese tiempo y, si bien es cierto que al llegar al cielo se acaba la infancia, también es cierto que es necesario volver sobre nuestros primeros años para recuperar los juegos y la voluntad de jugar con las letras y las palabras.

Después comimos unas riquísimas empanadas tucumanas y luego, una luna que no pudo faltar a la cita nos alumbró la madrugada.


(1) Las comillas hacen referencia a lo artificioso de los conceptos, en tanto construcciones que quiebran con “la verdad” (vuelven las comillas) en cuanto absoluto.
(2) Nombre del Proyecto de Talleres literarios para chicos en situaciones de riesgo.
(3) Es importante destacar que los chicos asisten a los talleres por la mañana, puesto que a la tarde concurren a la escuela.
(4) Nofal, Rossana, “Literatura para chicos y memorias: colección de lecturas”, en Jelin, Elizabeth y Kaufman, Susana (comps.), Subjetividades y figuras de la memoria, Madrid y Buenos Aires, Siglo XXI de España Editores y Siglo XXI de Argentina Editores, 2006.


Mesas de Trabajo: intervención social con la literatura. Investigaciones y prácticas en curso. Cuaderno de apuntes sobre las conclusiones
Por Analía Gerbaudo


En lo personal, de este encuentro me llevo nuevos nombres, nuevos libros y relatos de nuevas prácticas que muestran diferentes posiciones desde las cuales intervenir.

En un plano más general, quiero señalar algunos puntos respecto de discusiones que se fueron generando en las mesas, en las que encontré:

una real apertura o revisitación del canon tanto teórico como literario: esto comprende desde las decisiones de lectura del grupo Mandrágora en la apertura del encuentro, pasando por el comentario de Marcy Schwartz sobre el lugar de Isabel Allende en la literatura latinoamericana, sin olvidar las investigaciones de Sebastián Fernández, de Victoria Daona y de Laura García (todos estos jóvenes han inscripto o desarrollan proyectos de investigación sobre corpus de los que poco se sabe o, como en el caso de Laura, un tipo de textos mirado con reserva por la crítica literaria en sus formatos más ortodoxos);

una dicotomía a revisar entre “escritura académica”/ “escritura que llegue a mucha gente”: tomo las expresiones usadas en algunas mesas en las que la escritura “académica” prácticamente se equipara con un corsé, con algo muerto y sin destinatarios. Extraña paradoja porque es nuestra decisión trabajar para que eso se transforme dentro de las mismas instituciones desde las que gestamos “escrituras académicas”. Cuestión sobre la que, además, cabe avanzar con cuidado: recuerdo que en su defensa de tesis doctoral Jacques Derrida decía, desde Francia y en 1980, que la universidad francesa soportaba mejor un texto revulsivo en su contenido pero respetuoso de los protocolos que la alteración de las normas académicas;

una preocupación por las pertenencias disciplinares o la ubicación disciplinar de la producción: mientras escuchaba los resultados de algunas investigaciones tomaba apuntes sobre la preocupación por ubicar los resultados en un campo o en un género. Y, mientras esto sucedía, me acordaba de “La loi du genre” de Jacques Derrida y su tesis de que todo texto participa de varios géneros sin pertenecer con exclusividad a ninguno; pensaba en las conclusiones del Workshop anterior, en las que anotó Miguel Dalmaroni focalizó sobre este mismo punto y también sobre los conceptos como zona de borde disciplinar o transdisciplinariedad que habían ido surgiendo en las mesas de trabajo. Me pregunto también qué se juega o se teme cuando (creo que sintomáticamente) aparece tanta preocupación por la ubicación de lo que se escribe en un género o en un campo;

una insistencia en mostrar la conexión existente entre ciertas prácticas de la dictadura y su continuidad en la actualidad: anoté los relatos de Virginia Rozza, las denuncias de Fernando Korstanje, (que comprenden la censura de una obra de arte), los relatos de Eliana Lacombe y la decisión de María Eugenia Mendizábal de recordar un muerto que se cargó la democracia poniendo su nombre a la Biblioteca Pública y Popular que funciona en el ex CCDTyE “Olimpo”: Carlos Fuentealba;

una reinscripción de preguntas que descolocan los modos de contarnos las narrativas heroicas: debo reconocer que, hasta el momento de escuchar las incisivos comentarios que Susana Kaufman y Máximo Badaró realizaron a mi artículo “Paco Urondo: las derivas de un realismo dandy” presentado en el II Workshop Internacional de Investigadores Jóvenes “La gravitación de la memoria: testimonios literarios, sociales e institucionales de las dictaduras en el Cono Sur”, celebrado en la Universidad Nacional de Tucumán en abril de este año y organizado por Rossana Nofal y Anna Forné, no me había hecho las preguntas que sus cuestionamientos ayudaron a hacer aparecer. En esa línea trabaja de modo intenso Rossana Nofal: el desmontaje que sus textos realizan del binomio victoria/derrota obliga a repensar cómo organizamos los relatos del pasado reciente, algo que el proyecto de Victoria Daona recupera punto a punto;

una apertura de los géneros de la investigación literaria: insisto en la importancia de la investigación de Laura García, que reinscribe la literatura para niños en el campo literario y la recupera de la didáctica (me preocupa la pertenencia o la participación disciplinar porque, durante años, la lectura de esta forma del arte fue eclipsada por la pedagogía y la didáctica, que fueron en contra de su potencial diferencial y sustractivo como forma del arte para reemplazarla por diferentes morales de la lectura); en este sentido, también la investigación de Sebastián Fernández no sólo se involucra con un género poco transitado como el teatro, sino que se arriesga con un cartografiado sociocultural;

una recuperación de la potencia de la literatura en las intervenciones didácticas: elijo quedarme con algunas expresiones del video traído por Marcy Schwartz , dado el lugar que dan a la literatura como forma del arte y también por la importancia a la clase como envío. Dicen algunos pasajes del video: “La literatura tiene un valor social increíble y aún no ha sido distribuida”, “Queremos una literatura excelente… no estamos para conducir una sesión de desahogo”; “¿Quién es el dueño de la literatura?”;

una nueva política del archivo que comprende una ética del archivista: si en el Workshop anterior hablamos de una “ética de un archivista por venir”, encontramos que el trabajo que realizan Virginia Rozza y Eliana Lacombe desde Córdoba con su posición sobre la domicialización, las condiciones para el guardado y todo lo que nos han enseñado y relatado sobre sus decisiones, es la actuación de esa propuesta. Por otro lado la política de la exhumación, que Santiago Garaño, María Eugenia Mendizábal, Victoria Daona y Laura García realizan cuando producen avances en sus investigaciones, es una práctica alentadora que nos mueve a continuar las nuestras.

Finalmente, en otro orden de cosas, simplemente me resta agradecer. A pesar de las alertas de los conceptos de “comunidad desobrada” (Nancy), vale crear esas formas de resistencia sostenidas en las tareas mínimas, como deja entrever en un artículo reciente Mónica Cragnolini y como viene sosteniendo también Rossana Nofal quien desde la idea de “comunidad elegida” ha logrado armar un espacio que permite “hacer y pensar las cosas de manera diferente” en el sentido de que hay una circulación de la palabra, una escucha y una forma de dialogar que, justamente, y retomando las dicotomías del inicio, poco tienen que ver con el vértigo de congresos hechos para discutir y polemizar, pero en los que no hay lugar para discutir y polemizar porque falta el tiempo, porque hay muchas mesas, porque se pasan los quince minutos…

Esta “comunidad elegida” también me ha ayudado a revisar ciertos malentendidos. Especialmente uno que comprendí mejor viajando con frecuencia a Tucumán: que entre los derechos de los niños, el grupo Mandrágora resalte no sólo el de “comer” sino que enfatizan agregando “cosas ricas” es algo más que un añadido puesto al pasar que, por otro lado, nos obliga a revisar nuestras acciones como intelectuales comprometidos con la investigación y la enseñanza (gracias, entonces, a Ana García Guerrero, Pablo Delgado, Silvina Pérez Lucena, Maximiliano Salas, Alicia Small y Sergio Paz).


A diez años de la creación de la Comisión por la Memoria de la provincia de Buenos Aires. VI Encuentro sobre construcción de la memoria colectiva. Los desafíos del presente en la agenda de la memoria
Por Sandra Raggio

En los tres intensos días que duró en VI Encuentro organizado por la Comisión por la Memoria de la provincia de Buenos Aires se generaron múltiples espacios de intercambio, debate y trabajo sobre las políticas de la memoria y los derechos humanos. La premisa fue estimular una reflexión que provocara en su ejercicio el reconocimiento de los diversos tiempos que atraviesan toda experiencia: el pasado, el presente y el futuro. Quienes fueron convocados también representaron a los diversos actores que de una u otra manera se pensaron involucrados en este desafío común: activistas de derechos humanos y sociales, dirigentes políticos, funcionarios de gobierno, investigadores, artistas, jueces, fiscales, docentes, estudiantes.

La reflexión se organizó en dos ejes generales. Por un lado, nos preguntábamos, en voz alta y con otros, qué y cómo habíamos puesto en marcha políticas públicas de memoria, ahora diseminadas por distintos puntos del país y en diferentes momentos de la experiencia. El núcleo que se situó en el centro de los intercambios fue el debate en torno a qué políticas, para qué gente y qué memorias. La primera mesa redonda, en la que participaron Elizabeth Jelin, Hugo Vezzetti y Héctor Schmucler, trazó un primer mapa de discusión que se recorrió luego en las mesas de trabajo y talleres. La peculiaridad fue que la mayoría de quienes participaron de ella, de una u otra manera hoy forman parte de quienes deciden las políticas, aún no perteneciendo a la agencia gubernamental estrictamente. Pues la modalidad de gestión de las políticas públicas de memoria se caracteriza por la constitución de cuerpos colegiados de dirección (Comisiones, Institutos, Mesas, etc.) en la cual participan centralmente los organismos de derechos humanos. Aún así los puntos de vista fueron claramente contrastantes. Algunos sostuvieron que la “institucionalización” de las políticas de memoria – entendiéndola como garantía de continuidad a través del tiempo y de cierta normatividad– implica una fuerte presencia de la agencia gubernamental. Por el contrario, otros plantearon que la capacidad decisoria debe recaer necesariamente en los miembros del movimiento de derechos humanos y en particular de las víctimas directas que son quienes garantizan su legitimidad y su continuidad a pesar de los cambios en los elencos gubernamentales.

La cuestión de con quién y para quién estuvo presente en los debates sobre los proyectos educativos desplegados en los sitios de memoria. Aquí nuevamente se puso en discusión el sentido de la transmisión: qué se transmite, para qué, cómo. Desde la narración de las distintas experiencias de los sitios de memoria y programas educativos se expresó la preocupación en torno al riesgo que se corre de que las mismas políticas clausuren el proceso de elaboración del pasado, cerrando las posibilidades de las preguntas y así de la búsqueda de respuestas por parte de las nuevas generaciones. Un riesgo que, al provocar un unívoco lazo del pasado con el presente, sustrae a los trabajos de la memoria su sentido más profundo.

El segundo eje estuvo vinculado, entonces con a esta agenda de la memoria que remite a problematizar el presente en clave del pasado. Es decir que el ejercicio que se realiza en las políticas de la memoria consiste en dar cuenta de las escenas del presente que evocan el pasado y así plantean nuevos desafíos para superarlo. El futuro, entonces, es esa espera, esa expectativa de superación. Los temas fueron profusos. En la segunda mesa redonda (donde participaron Alejandro Islas, Alcira Daroqui y Alejandro Kaufman) se planteó este vínculo entre las violencias de ayer y de hoy, de las políticas de derechos humanos y las políticas de la memoria. Las violaciones a los derechos humanos en los centros de detención y la cuestión de las políticas llamadas de “mano dura” como forma de resolver los problemas en torno a la inseguridad concentraron buena parte de las intervenciones y continuaron luego en las otras instancias de encuentro.

En las mesas y talleres, entonces, se pensaron y debatieron determinados problemas actuales como la cuestión de la baja en la edad de la imputabilidad, la violencia institucional y la persistencia de la práctica de la tortura, la falta de acceso a la justicia y la exclusión social. Y también se trabajó, a modo de plan de acción, sobre propuestas en torno a la democratización de la justicia, la defensa en juicio, la lucha contra la impunidad, la concreción de un mecanismo nacional de control para la erradicación de las prácticas de tortura y sobre la emergencia de nueva agenda de los derechos humanos que requiere de nuevos abordajes y estrategias de intervención.

Los ejes propuestos son los que organizan el trabajo de la Comisión por la Memoria desde su inicio y que a través de los años se fueron delineando en diversos programas de acción. Tienen esta particularidad que señalábamos antes de entender las políticas de la memoria como un trabajo que consiste en mirar el presente en su vínculo con el pasado y, de esta manera, intervenir en su transformación como forma de superarlo. Es un trabajo que no se propone “saldar cuentas” sino pensar la experiencia pasada como cantera abierta hacia el futuro.

No es un desafío fácil, muchas veces la urgencia del presente borra el pasado y, otras, el “peso” del pasado desplaza las urgencias del presente. Es a través de una operación intelectual sustentada en una profunda convicción ético-política que se trabaja para superar el presentismo al mismo tiempo que la obsesión conmemorativa.

El último día del encuentro, el sábado por la mañana, se realizó la marcación del centro clandestino de detención denominado “La Cacha”, que funcionó en los predios del Servicio Penitenciario bonaerense. El edificio fue derribado a fines de la dictadura y apenas quedan restos de sus bases. Los sobrevivientes allí presentes se esforzaban mientras recorríamos el lugar por hallar sus indicios, escena enmarcada por las enormes edificaciones que estaban y aún están: los penales de mujeres y varones. También se conserva, y aún se utiliza, el hospital para las presas donde dieron a luz las embarazadas que estaban secuestradas en “La Cacha”. Ese lugar y esa escena, como tantas otras, nos convoca a pensar en estos lazos que unen al pasado con el presente.



  NOVEDADES BIBLIOGRÁFICAS

Material incorporado a la biblioteca del IDES relacionado con temas de memoria

Comision Provincial por la Memoria. Comité contra la Tortura, El sistema de la crueldad III: Informe sobre violaciones de los Derechos Humanos en lugares de detención de la provincia de Buenos Aires. 2006-2007, La Plata, Comisión Provincial por la Memoria, 2007. (298 págs.)

Feld, Claudia y Stites Mor, Jessica (comps.), El pasado que miramos: memoria e imagen ante la historia reciente, Buenos Aires, Paidós, 2009. (384 págs.)

Fleury, Béatrice y Walter, Jacques (eds.), “Qualifier des lieux de détention et de massacre”, Questions de communication, núm. 5, Metz, Centre de Recherche sur les Médiations, 2004. (342 págs.)

Guhathakurta, Meghna; van Schendel, Willem, Memory and amnesia in the South: conflict, violence, trauma, Amsterdam, SEPHIS, 2008. (129 págs.)

OEA. Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Taiana, Jorge E., prologuista), Informe sobre la situación de los Derechos Humanos en Argentina, Buenos Aires, UDEBA, 2009. (240 págs.)

Vallina, Cecilia (ed.), Crítica del testimonio: ensayos sobre las relaciones entre memoria y relato, Rosario, Beatriz Vitervo, 2009. (224 págs.)

Veigel, Klaus Friedrich, Dictatorship, democracy, and globalization: Argentina and the cost of paralysis, 1973-2001, –Pennsylvania, The Pennsylvania State University Press, 2009. (234 págs.)

 


GINGKO

Elegimos la hoja de Gingko, porque representa a un árbol asociado a la vida y la memoria.
El Gingko es el árbol más longevo del planeta, sus hojas portan las marcas de una historia de supervivencia a catástrofes, no solamente naturales.

Núcleo de Estudios sobre Memoria
Directora Académica: Elizabeth Jelin
Coordinadores: Emilio Crenzel y Máximo Badaró

Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES)

Aráoz 2838, 1425, Buenos Aires, Argentina.
Tel: (54-11) 4804-4949. Fax: (54-11) 4804-5856

www.ides.org.ar

Suscribirse al Boletín
Enviar información para el Boletín
Si no desea recibir más este mensaje, envíe una respuesta escribiendo en el Asunto: “Remover”. Según legislación vigente sobre SPAM, un e-mail NO podrá ser legalmente considerado SPAM mientras incluya una forma de ser removido de la lista.
Instituto de Desarrollo Económico y Social Núcleo de Estudios Memoria